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viernes, julio 28, 2006

Capitulo 5º Un Atisbo De Esperanza

- ¿Qué ha pasado?
Un dolor agudo me martilleaba la cabeza.
- Siento mucho lo ocurrido.
Un hilo de voz llegó desde algún lugar de la sala. El pulso se me disparo cuando tome conciencia de que no era el único que allí se encontraba.
- ¿Dónde estás? – Inconscientemente, intenté aferrar mi arma. - ¿Dónde está mi rifle?
- Ahí mismo.
Estaba tan alterado, que no me había dado cuenta de que me encontraba en los barracones. Mire despacio por el acceso de la pared, allí estaba, colocada en el estante de la armería.
- ¿Quién eres? – El interpelado se puso de pie.
- Explorador de los Ultramarines, 9ª Compañía.
Un hombre alto, corpulento, apareció ante mis ojos con la cara desencajada y gesto amargo de quien ve morir a un hermano.
- ¿Qué ha pasado? – Parecía no haber oído nada. - ¿Qué ha sucedido aquí?
Siguió en silencio, con la mirada perdida, perdiéndose en sus recuerdos.
- ¡Explorador de la 10ª Compañía!, ¿que ha pasado? – Pareció reaccionar.
- Sí, Señor. Informe completo, Señor. – Quede consternado por un momento, hasta ahora, nadie se había referido a mí como su superior.
Al parecer las excavaciones imperiales en el planeta, buscaban una reliquia sagrada del Imperio. En su lugar encontraron el artefacto que había en el hangar. A los pocos días, antes de poder estudiarlo, varios hermanos exploradores comenzaron a comportarse de manera extraña. Uno de ellos entro en el hangar y al contemplar el artefacto, empezó a hablar en un idioma desconocido, produciendo sonidos extraños. Cuando lo encontraron, parecía haber perdido el juicio, tuvieron que llevárselo por precaución.
- Después una noche mientras descansábamos, ellos vinieron.
- ¿Quiénes? – Pregunté.
- Los portadores de la muerte. Nadie los vio llegar, no pudimos defendernos, ni si quiera los Marines Espaciales tuvieron opción, nos masacraron, algunos incluso no llegaron a despertarse…
- ¿Y tú?
- No lo sé pero conseguí llegar al hangar. Había capsulas de emergencia, pero no funcionaban, nada funcionaba. No tuve valor de morir dignamente y me escondí. Después al ver los cuerpos de mis hermanos...perdí el conocimiento.
Estaba casi tan consternado como él. No podía llegar imaginar que criatura sería capaz de hacer eso.
- Y ¿el Cuerpo de Mando?
- Fueron los primeros en caer, el Comandante y los Sargentos de Escuadra.
De repente el terror invadió mi cuerpo, si aquel soldado atrajo a esos demonios, yo podría haber hecho lo mismo.
- Debemos salir de aquí. Volverán otra vez. – Dije alocadamente.
- No tenemos escapatoria. Fuera nos espera desierto y muerte.
Tenía razón, si no nos mataban aquellos engendros, lo haría la sed y el hambre fuera de aquí. Tomé una resolución.
- Tenemos que conseguir entrar en el Puesto de Mando.
- Es imposible, nuestra autorización es insuficiente, a no ser que tengamos autorización especial o que la seguridad esté deshabilitada.
Un repentino abatimiento comenzó a embargarme, el Puesto de Mando estaba sellado, no teníamos autorización y la seguridad de las puertas estaba activada. Había que pensar algo.
- ¿Mataron a todos? – Pregunte con una sonrisa en la cara.
- Si.
- Entonces, ¿todos están en el hangar?
- Si
- Acompáñame, tenemos mucho que hacer.