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viernes, julio 28, 2006

Capítulo 3º La Excavación

Un ruido ensordecedor inundaba mi cabeza, la maquinaria de la Guardia Imperial escavaba sin descanso día y noche. Habían pasado dos largar semanas y parecía que se alargaría más a un nuestra estancia aquí.
El Inquisidor Corn envió un pequeño contingente de apoyo para ayuda en las excavaciones y apoyo ante posibles hostilidades. Lo formaban un par de escuadras tácticas de Marines Espaciales y un pequeño grupo de Tecnomarines.
Estos últimos, estaban rodeados de un aura misteriosa a la que todos temían en cierto modo. Eran hermanos de batalla como el resto, pero habían pasado años en Marte recibiendo un entrenamiento especial para poder comprender y reparar cualquier aparato tecnológico del Imperio, solo ellos podían hacerlo, e incluso podían curar, fortalecer e incluso enfurecer el espíritu máquina de cada vehículo. Algunos portaban brazos auxiliares acoplados a la armadura y unidos al sistema neurológico del marine para una mayor capacidad del mismo. También incorporaban servobrazos con todo tipo de herramientas tales como sopletes laser, taladros y vibro sierras. A pesar de todo, eran guerreros por encima de cualquier otra cosa y luchaban a menudo en primera fila de batalla.
Nosotros, también formábamos parte del grupo, una escuadra de exploradores que acababa de terminar su entrenamiento y que se enfrentaba a su primera misión, la primera de una serie de pruebas que dictaminarían si éramos merecedores de ser modificados genéticamente y convertirnos en Marines Espaciales.
- Señor, lo hemos encontrado. – Dijo un Tecnomarine.
- Estupendo, trasládelo al vehículo de transporte especial que hemos traído y llévelo al puesto avanzado de Kell. – Ordeno el Inquisidor.
- Sí, Señor.
- Mañana vendrán los transportes para llevarlo a Sila IV para su estudio. – Prosiguió.
- Exploradores, asegurad el camino del transporte hasta la base, no quiero sorpresas.
- A sus ordenes Señor. – Respondió mi Sargento de escuadra.
Mientras salíamos de la zona de excavación, la maquinaria de la Guardia Imperial extrajo del suelo un pequeño artefacto con forma cilíndrica , negro como la noche y con un brillo enigmático. Al parecer debía de pesar desproporcionadamente en comparación con su tamaño, ya que parecía costarles mover el artefacto.
- Muy importante tiene que ser ese cacharro que han desempolvado para que un Inquisidor como Corn esté aquí. –Dijo mi compañero.
- Silencio. –Alzo la voz el Sargento. – No estamos aquí para juzgar los movimientos que realiza el Imperio ni indagar en sus hallazgos.
Ambos llevaban razón, si el Inquisidor Corn estaba aquí, significa que aquel artefacto era de un valor especial para el Imperio, pero tampoco debíamos dejarnos llevar por la curiosidad y ceñirnos a las órdenes.
Llegamos a un grupo montañoso conquistado en su parte central por un gran cañón que lo atravesaba de un lado a otro.
- Cubriremos todo el largo del cañón, es el punto más vulnerable a una emboscada en todo el trayecto. Un explorador cada 500 metros, tres en el lado norte y 2 en el lado sur.
- Sí señor. – Respondimos al unísono.
El convoy realizo la ruta de llegada a la base del Kell sin ningún incidente. A su llegada el Inquisidor dio órdenes precisas en cuanto al artefacto y las tropas se referían.
- Partiré ahora mismo hacia Sila IV, mañana llegaran los transportes especiales para el artefacto.
- Sí señor. – Dijo el Sargento.
- Las tropas de la Guardia Imperial también abandonan la zona, en cuanto a vosotros, os quedareis aquí con los Ultramarines para la custodia del artefacto. Partiréis mañana junto al transporte especial
- Pero Señor… - Intentó replicar el Sargento.
- Es un orden Sargento, acátela.
- Sí Señor.
El Inquisidor Corn y el grueso de las fuerzas de la Guardia Imperial, se marcharon del pequeño planeta. Solo quedaba esperar al día siguiente para nuestra siguiente misión.

2 Comments:

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Anonymous Anónimo said...

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